El bombardeo de tweets y hashtags pidiendo la dimisión de estos dos ha sido inmediato. Según parece, es intolerable que alguien pueda reírse de los negros, de los judíos, de las mujeres, de los hombres o del terrorismo y, por supuesto, tampoco se puede decir que al presidente del gobierno a lo mejor hay que cortarle la cabeza, ni que los banqueros están mejor colgados o váyase usted a saber qué más.

Yo me pregunto si todos esos políticamente correctos que han puesto el grito en el cielo alguna vez han entrado a tomarse una cerveza en un bar, pero en un bar de esos donde los gintonics no se sirven en copas de balón ni cuestan 15 euros. Me pregunto si alguna vez se han puesto a escuchar, porque supongo que todos esos yonkies de las buenas formas serán de los que se santiguan, rezan por esos pobres hombres y piden a Dios que les perdone porque no saben lo que hacen. Pero también supongo que todos estos defensores del eufemismo y del humor sin calorías deben estar muy lejos de las personas normales. Porque lo único que me dicen a mí los tweets de estos dos representantes de Ahora Madrid es que, efectivamente, son personas normales.

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