Matan a una gata embarazada disparándole seis perdigones en el cráneo en un pueblo de Toledo

Gala, que parió a las crías, sufrió una lenta agonía acompañada de ataques epilépticos. La protectora Latido Animal prepara una denuncia ante las autoridades para encontrar al autor de los hechos y pide ayuda ciudadana para sufragar los servicios veterinarios.

TOLEDO.- Un terrible caso de maltrato animal en la provincia de Toledo ha indignado a las asociaciones animalistas, que han decidido emprender acciones legales. Una gata embarazada de dos crías murió este miércoles en una larga agonía tras recibir varios disparos por parte de un vecino anónimo de Burguillos de Toledo, un pequeño municipio de 3.000 habitantes cercano a la capital castellanomanchega.

PeriódicoCLM ha podido ponerse en contacto con Delia Fernández, presidenta de la APA Latido Animal, encargada del cuidado de la gata hasta el último de sus días. Todo comenzó el pasado nueve de abril, cuando Rubén, un vecino de la capital, se encontró con una gata enferma en la carretera. Después de llevarla a "un veterinario de urgencia", le dijeron que tenía un perdigonazo en la oreja. Fernández nos comenta que la gata "estaba embarazada", teniendo a su primera cría "en el coche de Rubén y a la segunda en su casa".

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El vecino del municipio toledano se puso en contacto con Latido Animal tras ver que la gata se encontraba algo aturdida y "no hacía caso a las crías". La asociación se hizo cargo de inmediato, y pudieron comprobar que, además del primer perdigonazo y lo que parecía un traumatismo craneal, padecía una peritonitis a causa de unos gusanos que "se la estaban comiendo por dentro".

Gala, que es el nombre con el que llamaron al animal en la protectora, fue ingresada en su veterinario con pronóstico reservado. "Desde el principio no comía, ni bebía y se hacía sus necesidades encima", nos cuenta Fernández. La presidenta nos ha explicado que las crías, "que apenas tienen una semana", se han quedado a cargo  "de una casa de acogida con la que trabajan actualmente".

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Las dos crías de Gala, actualmente en una casa de acogida. Foto: Latido Animal

Con el paso de los días, la gata fue empeorando en su estado de salud pese a que estaba recibiendo tratamientos. Los veterinarios de la protectora empezaron a sospechar que el animal podía sufrir algún "daño neurológico", ya que Gala tampoco era capaz de mantener el equilibrio. El animal necesitaba apoyarse en las paredes para caminar, y si chocaba contra algo, se quedaba en el sitio.

"Pensábamos que se había dado algún golpe en la cabeza", afirma la presidenta de la asociación, por lo que decidieron hacerle una radiografía este miércoles para verificarlo. Fue entonces cuando confirmaron lo peor. "Gala tenía seis perdigones incrustados en el interior del cráneo", a los que se les sumaba "uno más detrás del lomo, que no afectaba a sus constantes vitales", y el que ya le habían sacado de la oreja.

La gata había sido víctima de los disparos indiscriminados de un individuo al que no habían podido identificar, y se enfrentaba en el mejor de los casos a "seguir sufriendo secuelas neurológicas de por vida". Con el paso de la jornada, la evolución de Gala fue empeorando más y más, hasta el punto de empezar a padecer episodios de "ataques epilépticos de forma frecuente" y de larga duración.

La presidenta de Latido Animal nos ha confirmado que la gata dio su último aliento al filo de la medianoche. "Tuvimos que ponerle la inyección poco antes de las doce", declara, tras contarnos que "aguantó varias horas en estado crítico".

Sobre los motivos exactos de la muerte, Fernández nos comenta que "Gala había estado recibiendo un tratamiento para desinflamar" las zonas de la cabeza afectadas por los disparos, y es probable que alguno de los seis perdigonazos que tenía en el interior del cráneo pueda "haber acabado desplazándose hacia algún órgano incompatible con la vida".

Por otro lado, los gastos veterinarios de Gala han desbordado a la protectora toledana, que no recibe subvenciones por parte de las administraciones públicas y costea los cuidados de los animales con las donaciones de los socios. En un mes, han tenido que afrontar los tratamientos de la gata, la operación de vejiga de una perra, el cuidado de diecinueve gatos lactantes y el mantenimiento de todos los animales que tienen en la protectora.

A eso se le suma las restricciones con motivo de la pandemia del coronavirus, que impiden a Latido Animal realizar mesas de adopción o eventos para recaudar fondos.

A la izquierda, imagen de Gala. A su derecha, desglose de los servicios veterinarios. Fotos: Latido Animal

En el plano judicial, la asociación ya está preparando una denuncia para presentarla ante las autoridades, teniendo como prueba la radiografía. Asimismo, han solicitado la colaboración ciudadana de los vecinos de Burgillos para encontrar al autor de los hechos, y aseguran que "no es la primera vez" que se produce un incidente de este tipo en el municipio toledano: Por ello, “hablarán con el Ayuntamiento” para tratar de acabar con estos incidentes.

Igualmente, Fernández recuerda que "está prohibido ir con una escopeta por la calle", y que el asesinato de la gata es un hecho "muy grave". El Código Penal prevé penas de tres meses y un día a un año de prisión para aquellos que hayan maltratado injustificadamente a un animal, además de la inhabilitación de uno a tres años para el ejercicio de una profesión que tenga relación con los animales o la tenencia de estos.

A ello, se le suma el agravante en el supuesto que se hubieran utilizado armas o se hubiera causado la pérdida o la inutilidad de un sentido, órgano o miembro principal. También se contemplan penas de seis a dieciocho meses de prisión cuando se hubiera causado la muerte del animal.