TOLEDO.- El apellido no basta para forjarse una carrera política, menos aún cuando las sonadas meteduras de pata se van acumulando en el haber. Un hato del que el ahora número 2 del PP por Madrid, Adolfo Suárez Illana, no solo no se ha deshecho por el camino en los años que ha estado alejado de la primera línea política, sino que a su regreso se ha empeñado en llenarlo aún más.

Y es que si ahora sus afirmaciones sobre el aborto,  defendiendo que ”los neandertales” también ”usaban el aborto, esperaban a que naciera y, entonces, le cortaban la cabeza”, asegurando que Nueva York ”se acaba de aprobar una ley por la cual se permite el aborto después del nacimiento”, y de abogar por ”ayudar a las mujeres que tienen que decidir entre ser madres de un niño vivo o un niño muerto”, le han situado en el ojo del huracán, tampoco pasó desapercibida su anterior incursión política por tierras castellano-manchegas.

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Corría el año 2002 cuando llegaba al Partido Popular bajo el abrigo de José María Aznar, quien poco después de que el hijo del expresidente hubiera obtenido el carnet de militante, le colocaba en el Comité Ejecutivo Nacional del partido. Un salto a la primera línea que se confirmaría meses después, con su designación como candidato a disputar la Presidencia de la Junta de Comunidades al curtido José Bono, que acumulaba ya 20 años de gobierno en Castilla-La Mancha.

Pretendía que fuera un salto al ruedo a lo grande, pero Suárez Illana terminó estrellado y saliendo de espantada de esa primera línea política, a la que ahora regresa acompañando en la lista al Congreso por Madrid a Pablo Casado, quien también ha recibido las bendiciones de un rehabilitado José María Aznar.

Una breve incursión en territorio castellano-manchego, en la que Suárez Illana fue encadenando patinazo tras patinazo.

Y es que ya su aterrizaje en Castilla-La Mancha -por aquel entonces no estaban bien vistos los 'paracaidistas' en la política regional- tampoco fue bueno, y empezó a acumular toda una serie de errores que ni siquiera el apellido pudo enderezar.

Así, antes de ser proclamado candidato pero ya sonando su nombre como posible rival de Bono en las urnas, Adolfo Suárez Illana no dudaba en presentarse en Villanueva de la Fuente (Ciudad Real) vestido de corto y dispuesto a participar en un festejo taurino. Y así lo hizo, sombrero de ala ancha incluido, en una novillada organizada por la Hermandad de la Virgen de los Desamparados. Un festejo que no tenía autorización para que en él se picara a los novillos, y sin embargo se hizo, lo que posteriormente acarrearía un expediente a los organizadores por haberlo permitido.

Unas imágenes que se difundieron rápidamente y que no sentaron nada bien en Génova; una afición que su padre consideraba ”un error” y que le supusieron que se le apodara como 'el torero'.

Durante un año se dedicó a recorrer Castilla-La Mancha, arrastrando también en esa carrera por tratar de evitar la sexta mayoría absoluta de Bono a su padre, a quien por primera vez se le vio participar en un acto del PP.

En Albacete, el 2 de mayo de 2003 tenía lugar aquel mitin, recordado por ser una de las últimas apariciones en público del expresidente del Gobierno y en el que quedó claro que no estaba bien. Adolfo Suárez había subido al escenario para  apoyar la candidatura de su hijo, pero ”se lió con los papeles” -disculpa dada entonces para ocultar que la memoria empezaba a fallar al expresidente- y repitió dos veces parte de su discurso. Momentos de confusión de los que consiguió salir airoso arropado por los aplausos del entregado auditorio, aunque sin escapar a nadie que el Alzheimer había empezado a hacer mella en el padre del candidato.

Pero además de ese intento in extremis de conquistar a los castellano-manchegos echando mano de la figura de su padre, que no daría tampoco sus frutos, durante la campaña electoral también fue dejando otras muchas de sus 'perlas'.

Así, por ejemplo, durante un acto celebrado en la localidad albaceteña de Povedilla, no se le ocurrió otra cosa que afirmar sentirse muy contento de estar allí porque se sentía muy unido al pueblo, ya que todas las chachas que había tenido eran de allí y recordar lo mucho que le gustaban las aceitunas de la zona.

Ese no sería el único intento de tratar de establecer alguna vinculación con la tierra, puesto que tampoco dudo en sacar pecho durante una reunión con una asociación de mujeres rurales de estar casado con una mujer castellano-manchega, refiriéndose así a Isabel Flores,  la hija del ganadero y terrateniente albaceteño Samuel Flores. ”Vine a establecer un compromiso de por vida con una mujer, una de vuestras mujeres. Para mí la mejor, si me lo permitís, claro”, afirmó.

O como cuando en Sacedón (Guadalajara) trató de ganarse al electorado sacando a colación una anterior relación sentimental, al señalar que conocía ”un poquito” la localidad al haber tenido una novia de allí.

Sonadas ocurrencias fueron también las pronunciadas sin pudor por Suárez Illana al mostrar su aprobación de la candidatura de Ana Botella -esposa de su mentor político en el PP- al Ayuntamiento de Madrid, al considerar que era una persona ”con nombre y con linaje”; o cuando en plena polémica por la guerra de Irak afirmó que las reformas económicas emprendidas por su partido era ”lo que estábamos haciendo en el PP mientras otros andaban recorriendo calles con pancartas, tirando huevos, tirando piedras, poniendo bombas y abriendo cabezas de alguno de nuestros militantes”.

Otro sonado desliz del ahora número 2 de Casado se producía en Toledo, cuando durante una concentración en repulsa por el asesinato de un guardia civil en Leiza a manos de ETA, lamentaba lo sucedido así: ”Lo primero que hay que trasladar es nuestra condolencia y nuestro pésame a la familia del guardia civil asesinado, que ya no podrá disfrutar de las cebollas rellenas de su querida Sama de Langreo”, tal y como recogió entonces el diario El Mundo.

Una campaña electoral en la que, como ahora, Suárez Illana echó mano también del tema del aborto. Señalaba entonces que desde su punto de vista católico no podía aceptarlo.

Tampoco dudó en proponer medidas como subvencionar la segunda vivienda de los castellano-manchegos en zonas rurales y durante su breve paso por Castilla-La Mancha se llevó también diversas demandas judiciales, entre ellas una por intromisión en el derecho al honor por parte de la cuñada del entonces vicepresidente de la Junta, José María Barreda, a la que Suárez Illana involucró en un caso de nepotismo acusándola de haber obtenido  así su plaza de profesora titular en la Universidad regional.

O la querella interpuesta ante la Fiscalía por el entonces concejal de Asuntos Taurinos de Albacete, Rafael López Cabezuelo, al que acusó de haber ”metido la mano en la caja” y no haber entregado a unas monjas el dinero recaudado en un festival benéfico organizado en 2002.

DERROTA HISTÓRICA

Un fugaz paso por Castilla-La Mancha al que ponía final la aplastante derrota electoral que sufría el 25 de mayo de 2003, cuando los socialistas volvieron a reeditar su mayoría absoluta obteniendo 29 diputados (58,5 por ciento de los votos), mientras que el PP encabezado por Suárez Illana perdía tres escaños respecto a la anterior cita electoral, y el hijo del expresidente renunciaba a tomar posesión del suyo.

Había durado en primera línea política tan solo 13 meses y ni siquiera veinte días desde que los populares cosecharan en Castilla-La Mancha el peor resultado hasta entonces. Algo que pareció no tomarse muy a pecho, puesto que el día siguiente de la histórica derrota electoral se le pudo ver asistiendo a una corrida de toros en Madrid.

Una dimisión sobre la que ironizaba entonces el recién reelegido presidente castellano-manchego, José Bono, apuntando que nunca habría imaginado que la presencia de Suárez Illana en Castilla-La Mancha sería ”tan corta”.

Desde su propio partido quien eran entonces presidente en funciones del grupo popular en las Cortes, Agustín Conde, señalaba que le había parecido ”mal” la renuncia, y que ”el hecho de no querer hacer leña del árbol caído” le impedía ”ser más explícito”.

Lo cierto es que antes de marcharse, Suárez Illana había reclamado al entonces presidente del Gobierno y del PP, José María Aznar, ”todo el poder” para reorganizar el PP de Castilla-La Mancha, lo cual le fue negado manteniendo en el cargo a José Manuel Molina, que además de presidente regional del partido era alcalde de Toledo.

Una derrota que le llevó a retirarse de la poítica activa, argumentando que ”cuando se fracasa, se dimite”.