TOLEDO.- Un año después de la desastrosa noche electoral que llevó a la dimisión en bloque de su Consejo de Coordinación y a la constitución de una gestora a nivel regional, la militancia de Podemos Castilla-La Mancha ha elegido a una nueva dirección con un horizonte a largo plazo.

La candidatura de José Luis García Gascón, ex Director General de Participación Ciudadana en el anterior Gobierno de Emiliano García-Page, se ha impuesto finalmente a la propuesta de la antigua concejala del Ayuntamiento de Toledo, Helena Galán; aunque con un margen más reducido del que se podría esperar por parte de aquel que ha conocido durante más de tres años las profundidades del partido morado.

El dirigente almanseño ha obtenido un total de 1.055 votos por parte de los inscritos, frente a los 876 que han optado por la que fuera edil de Participación y Transparencia en la capital de la comunidad autónoma. Menos de diez puntos de diferencia y menos de doscientos votos que han convertido a estas primarias en una de las más reñidas que se recuerdan en la historia de la formación regional.

Para más inri, Helena Galán se ha convertido en la persona más votada para el Consejo Ciudadano Autonómico, consolidando la posición de su corriente interna. En cuanto al resto del Consejo, que tras las modificaciones aprobadas en la última Asamblea Ciudadana Estatal ha pasado de treinta y dos a veinticuatro miembros, el reparto ha sido favorable para los de García Gascón. La lista Cuidando Podemos ha obtenido catorce asientos en el órgano de deliberación, mientras que Todas somos Podemos se ha quedado con los diez restantes.

Más abultada ha sido la diferencia en la Comisión de Garantías Democráticas, encargada de resolver los conflictos internos en el seno del partido. En la respectiva votación, los ‘cuidadores’ han conseguido hacerse con siete de las diez sillas en disputa. Sin embargo, la feminista Clorinda Tejada ha acabado siendo desplazada por los militantes a un segundo puesto, siendo adelantada por Rebeca Cañavete, natural de Hellín.

Cabe destacar que este último ha sido el proceso interno de Podemos con mayor abstención por parte de la militancia la comunidad autónoma, situándose por primera vez la participación por debajo de las dos mil personas. Muy por encima quedan las cifras que conseguían arrastrar José García Molina y David Llorente en las polarizadas primarias de 2017, cuando llegaron a votar un total de 3.075 inscritos.

Más lejos aún se sitúa la polémica consulta sobre la entrada en el Gobierno de Castilla-La Mancha. En aquel entonces, cuando se abordaba la creación del primer ejecutivo de coalición entre el Partido Socialista y los populistas de izquierdas, se terminaron pronunciando más de 4.500 militantes, haciéndolo el 78 por ciento de ellos a favor de aquel experimento pionero.

IGNORADOS POR PABLO IGLESIAS

Quien no ha tomado parte en la campaña castellanomanchega ha sido el secretario general, Pablo Iglesias; algo que ha contrastado con el resto de los territorios en los que se renovaban las direcciones autonómicas, donde el líder absoluto de la formación morada ha conseguido colocar a los suyos frente a candidaturas promocionadas por los barones críticos, como en los casos de la Comunidad Valenciana o La Rioja.

En el recuerdo de la ejecutiva estatal aún permanece el desafío que supuso la Declaración de Toledo, cuando el primer secretario general de Podemos Castilla-La Mancha, José García Molina, decidió constituir junto a varios líderes autonómicos un contrapoder como respuesta a la deriva del partido, que se hallaba en la mayor crisis orgánica de su historia tras la escisión de Íñigo Errejón en Más Madrid y la renuncia de Ramón Espinar.

Desde entonces, el aparato central ha caminado con pies de plomo a la hora de impulsar movimientos en la región; hasta el punto de tardar cuatro meses en avalar a un Equipo Técnico, formado en su mayoría por antiguos 'molinistas', que se encargara de abordar la transición hasta la última Asamblea Ciudadana.

Esta falta de apoyo ha llevado a que durante el curso de la campaña ambas candidaturas buscasen erigirse en representantes del ‘pablismo’. Por un lado, García Gascón tomaba distancia de su etapa como mano derecha de García Molina en la Junta de Castilla-La Mancha, quitándose el lastre de la continuidad y convirtiendo la palabra vicepresidente segundo del Gobierno de España en su nuevo dogma, mostrando una fidelidad religiosa.

Los de Cuidando Podemos consiguieron arrancar además el apoyo de figuras cercanas al secretario general, como el antiguo dirigente de la gestora autonómica, Jorge Uxó; o el cofundador del partido, Juan Carlos Monedero, que avaló en las redes sociales el llamamiento a la unidad del ex Director General.

La política, en una sociedad donde todo el mundo tiene tanta información y tanto criterio sobre tantas cosas, solo puede tener forma de Frentes Amplios. Si lo creo para la sociedad, aún más a la interna de @PODEMOS. Me gusta este esfuerzo por la unidad. https://t.co/biQWubXjOJ

— Juan Carlos Monedero (@MonederoJC) June 4, 2020

No obstante, los de Helena Galán, considerados también como 'pablistas' por parte de la dirección estatal, contaron con las buenas palabras de algunos integrantes del Gobierno de coalición. Entre ellos, la directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, cercana a Irene Montero; y el Director General de Derecho de los Animales, Sergio García Torres.

UNA CAMPAÑA MARCADA POR LA BRONCA

El desarrollo de las primarias también ha dado lugar a airados desencuentros entre las dos listas que se disputaban el poder de la formación de los círculos. Uno de los episodios más sonados fue el de la doble denuncia de Helena Galán contra dos compañeros de fórmula de su rival, Pedro Labrado y Juan Muñoz, que acabó siendo retirada por orden del Comité Electoral de Podemos.

La antigua concejala los acusó de machismo y acoso político, después de que supuestamente sus adversarios se dirigieran a ella en los términos de “ilustre fregona”. El equipo de Todas somos Podemos organizó una campaña en redes y en la prensa contra los de García Gascón, similar a la que ya se dio por parte de un grupo de liberados de Podemos contra David Llorente, y que está pendiente de resolverse en los tribunales.

También contó con su minuto de gloria Fernando Barredo, el que fuera único rival de Iglesias en la última Asamblea Ciudadana Estatal. En el curso de un cara a cara entre las dos candidaturas organizado por el grupo de militantes morados de El Círculo, el toledano preguntó a García Gascón si tenía previsto “seguir haciendo purgas” en Castilla-La Mancha.

El de Almansa respondió relacionando “el discurso y el modelo” de Fernando Barredo con el de Todas somos Podemos, provocando las risas tanto de Galán como de la otra participante del debate, la activista de la asociación feministas Las Quijotas, María Pérez.

LOS RETOS DEL NUEVO PODEMOS

Una vez resuelta la pugna interna en favor de José Luis García Gascón, el partido morado abandona por fin un largo periodo de interinidad y podrá ponerse en marcha de cara a las elecciones autonómicas y municipales de 2023, con el reto principal de recuperar la representación en las Cortes regionales.

El nuevo coordinador autonómico, figura con menor poder que la antigua secretaría general, recibe a una organización partida en dos corrientes, con una influencia similar en el seno de una militancia mermada con el paso de los años. La unidad interna parece un objetivo complicado en el corto plazo.

Igualmente, el ex Director General de la Junta tendrá que abordar el problema de la implantación territorial. El partido apenas cuenta con unas pocas concejalías repartidas en los municipios de la región. Solamente destacan como honrosas excepciones el grupo municipal de Villarrobledo, con tres ediles comandados por Mario de la Ossa, y la Alcaldía de la pequeña población alcarreña de Pioz, la única que gestionan los morados en toda Castilla-la Mancha.